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1 de diciembre de 2010

Letras a ciegas



































































































Lourdes Peregrina, docente de Lectura y Redacción, Campus Coatza/ fotografía: Luis Vicente Toledo / carteles: Eder Munguía/ Fabio Tejeda / Jonathan Magdiel / José Luis Peregrina

Igual que un campo de flores es necesario para producir una onza de fragancia, un mes de trabajo fue necesario para obtener los siete minutos por función que finalmente duró “Letras a ciegas”. Trabajaron en este proyecto de experiencia literaria a cuatro sentidos, más de 30 estudiantes de Lectura y Redacción de los grupos de primer semestre de Ingeniería Civil y Gestión de negocios.

La experiencia consistió en un circuito formado por estaciones correspondientes a tres fragmentos literarios (inicialmente eran seis) tomados de El Bosque de abedules, de Jaroslaw Iwaszkiewicz, Charly y la Fábrica de chocolate, de Roal Dahl, y La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Los espectadores hicieron el recorrido con los ojos vendados, ayudados por un guía o lazarillo, que los llevaba de la mano; sólo fueron admitidas cinco personas por función.

En cada estación se presentó grabaciones que contenían además del texto en forma oral, efectos de sonido y musicalización. En el caso del bosque, se podía oír el canto de los pájaros y el agua de un río corriendo; en la fábrica de chocolate, el ruido de las máquinas y los pequeños trabajadores; en el infierno, los lamentos de las almas condenadas, risas infernales, ruido de pasos, golpes. La presentación en vivo de los últimos, iniciativa de Diana Santiago, aumentó favorablemente el realismo de la experiencia.

Creatividad e ingenio

Aunque el objetivo era promover la lectura, a través de una presentación sensorial, hay que reconocer que la elección de los textos no fue minuciosa, más bien consistió en abrir una montaña de libros y buscar fragmentos que impactaran por sus descripciones táctiles, olfativas, sensitivas y gustativas.

La protagonista de la experiencia fue la creatividad de los estudiantes. Con gran habilidad, se las ingeniaron para hacer del “bosque” un bosque, en pleno salón 5 del Centro de Idiomas de la USBI Coatzacoalcos. Hicieron un camino de ramas, hojas secas y piedras pequeñas, además colocaron una valla de ramas delgadas para que los “espectadores” fueran chocando suavemente al pasar. Rociaron agua al aire para reproducir el rocío y aumentar la sensación de frescura, también esparcieron aroma a follaje y maderas.

En la fábrica de chocolate, las cinco personas que eran admitidas por función, pudieron “tocar” el río de chocolate, comer flores de bombón y probar el pasto de chocolate mentolado que era descrito en el texto, manjares preparados y provistos por Alicia Hernández, Ángeles Flores, Osiris Xolo, Diana Santiago y Karen Cruz. Además aspiraron una fragancia de manzana-canela y otra de menta. Dicha estación fue la más popular entre el público.

Un infierno con mucha alma

La función se llevó a cabo el 29 de octubre, así que por la cercanía del Halloween, el Infierno resultaba muy apropiado. “Ahora nos encontramos en el Infierno de Dante”, anunciaba una voz espectral. En la sala se hacía entonces silencio absoluto por espacio de unos segundos y después iniciaba una melodía macabra, acompañada de susurros demoniacos. Varios miembros del equipo, entre ellos: Diana Santiago, Héctor Ayala y Víctor Luciano comenzaban entonces a entorpecer la marcha de los “espectadores”, y a sollozar en sus oídos. Ellos, con los ojos vendados, se reían de nervios, o bien, permanecían serios, con los sentidos alerta. La sensación de calor fue producida por unos reflectores hechos ex profeso.

Mientras en la grabación sonaban las voces de Jesús Eduardo Córdova y José Carlos Oropeza Hans, quienes personificaban a Dante y a Virgilio, el público iba tocando los muros del Infierno, una pared hecha con máscaras de terror y una versión particular del papel maché. En el ambiente, flotaba un olor a humo y azufre.

Los retos

El sonido, fue el mayor. Sin embargo, gracias al profesionalismo de nuestro joven ingeniero de sonido, Eduardo Ruiz, quien repitió varias veces las grabaciones hasta quedar satisfecho, la lectura de los fragmentos literarios sonaba fluida y clara. Ruiz Feria moduló las voces para hacer algunas más agudas o más graves, según lo exigiera el papel interpretado, mezcló los efectos de sonido con la música haciendo uso de la tecnología, y el resultado fue excelente.

Por otra parte la primera versión del muro infernal no funcionó y hubo que hacer otro a la velocidad de la luz, lo que elevó los costos del proyecto. También la publicidad resultó cara, pero los materiales valieron la pena gracias al brillante trabajo de los diseñadores Fabio Tejeda y Jonathan Magdiel, alumnos de ingeniería, y Eder Munguía, Melesio Sánchez Conde y José Luis Peregrina, colaboradores externos.

El aprendizaje

En esta primera ocasión fueron superadas las 15 funciones, es decir, disfrutaron de la experiencia unas 80 personas. El equipo acabó exhausto, con los ojos irritados por tanto humo, pero satisfecho, pues los buenos comentarios abundaron. (Esperamos que próximamente contemos con recursos para aumentar estas cifras).

Personalmente, como coordinadora del proyecto, me sorprendió la capacidad de organización, la disciplina, el ingenio y la creatividad que pueden mostrar los estudiantes cuando un proyecto les interesa. Nos integramos muy bien, y los vi desde otra perspectiva: ya no como estudiantes, sino como personas maduras, capaces de comprometerse y de resolver problemas eficazmente, capaces de asumir el liderazgo, y de mantener un espíritu de equipo. Por otro lado, tuvimos una audiencia mucho mayor de la que esperábamos –hasta ofrecíamos justificantes para aumentarla, pero al último, ni los pidieron. Los maestros y demás espectadores confiaron en nosotros al dejarse vendar los ojos y probar lo que les dábamos. Fue una experiencia gratificante en todos los sentidos, que esperamos repetir en el futuro.

Algunos comentarios:

"Debo admitir que la mayoría del tiempo que estuvimos trabajando fue puro estrés, sin embargo este no se compara con la gran satisfacción que generaba ver las funciones en marcha, y en mi caso, participar de lazarillo... aunque me hubiera gustado vivir la experiencia en primera persona".

Jesús Córdova Trujillo, actor y lazarillo

“Había vivido algo así antes en terapias, pero está muy bien la experiencia porque despierta los sentidos”.

Amparo Cárcamo, docente Facultad de Contaduría

“Me gustaría que en los próximos eventos pusieran más obras, me gustó mucho y síganle echando ganas”.

“Muy buena, eh, échenle ganas, me fascinó, waw, me sentí en un contexto diferente, deberían hacerlo más veces”.

“Estuvo padre, neta sí despertaron mis sentidos, waaaa, suerte!”

“Bueno, me pareció que está chida la obra porque pueden observar mediante los otros sentidos que tienen”.

Estudiantes que participaron en Letras a Ciegas

López Marín Javier

López Alegría Josué

Armas López Johan Manuel

Espinosa Juárez Eder

Cobos Castán Julio César

Marín Nájera Irving

Tejeda Pech Fabio

Cruz Domínguez Jonathan Magdiel

Rendón Ávila Jorge Antonio

Céspedes Picazo Francisco Javier

Ramírez Martínez Edgar

Cruz García Stefan Jair

Valdiviezo Cabrera Diego

Milagro Pérez Enrique Mayolo

Díaz Andrade José de Jesús

Hernández Almeida Alicia

Flores Pérez María de los Ángeles

Cruz Morales Karen Yazbeth

Oropeza Hans José Carlos

Córdova Trujillo Jesús Eduardo

Santiago Meza Diana de Lourdes

Ruiz Feria Eduardo

García Hernández Rosendo Fernando

Ayala Domínguez Héctor

Luciano Galván Victor Manuel

Martínez Jiménez Jessica

Garfias Baez Diana

González Escobar Ángela

Ramos Ambrosio Gabriela

Torres González Rosemary

Cruz Calderas Lisbeth

1 comentario:

  1. CREAME MAESTRA QUE AÚN SIGO RECORDANDO LA OBRA EN LA QUE ORGULLOSOS FUIMOS PARTÍCIPES.

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